Hacer el voto de actuar en beneficio de los demás

HACER EL VOTO DE ACTUAR EN BENEFICIO DE LOS DEMÁS

Hotsugan Risho

Rev. Shiju Sakagawa

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Empecé a practicar kendo con diez años. Una de las cosas que no estaban permitidas era hacer gestos de victoria con el puño cuando ganabas. En todas las culturas es habitual que el perdedor, evitando mostrar su desazón, felicite al ganador. Sin embargo, una de las características significativas de las artes marciales japonesas es que el vencedor muestra su consideración hacia el perdedor evitando hacer gestos de victoria con el puño o cualquier otra muestra de triunfo. Ni siquiera puede mostrar en su rostro un ápice de alegría por el triunfo. En la antigüedad, tampoco se permitían este tipo de gestos en el judo (ahora deporte olímpico).

Esta consideración por «cuidar a los demás» no solo se limita al deporte y está presente en todo el mundo. No obstante, en el caso de Japón, las enseñanzas del budismo han tenido una influencia significativa al respecto.

Me gustaría hablar sobre algo que leí el otro día en la sección de cartas al director de un periódico. La autora de la carta era una mujer que rondaba los sesenta años. Relataba un acontecimiento que había sucedido en el autobús en el que regresaba a casa tras hacer la compra en el supermercado. En una de las paradas, una madre joven que empujaba un cochecito de bebé se dispuso a subir al autobús. Pero el conductor le dijo: «Está prohibido conducir el autobús con un cochecito. Por favor, pliéguelo antes de subir». La joven mamá, que también iba cargada con bolsas de la compra, parecía preocupada por qué debía hacer. En ese momento, la autora de la carta al director bajó del autobús y le dijo: «Sujetaré al bebé por ti para que puedas plegar el cochecito y subir al autobús». La joven mamá lo plegó, subió al autobús y se sentó en un asiento vacío. La mujer mayor le preguntó: «Por cierto, ¿en qué parada bajas?». La joven respondió: «Me bajo en la tercera parada». La mujer replicó: «De acuerdo. Cuando tengas que bajar, volveré a sujetar al bebé. Así podrás abrir el cochecito y ponerle el freno. Luego te acercaré al niño». «¿De verdad? Muchas gracias», respondió la joven mamá.

Cuando el autobús se detuvo en la parada de la joven, la mujer mayor pidió al conductor que esperara un momento y entregó al bebé a su madre cuando esta hubo abierto el cochecito. Cuando la mujer mayor volvió a subir al autobús, este arrancó lentamente y prosiguió su camino calle abajo. Una mujer de unos setenta años, que había contemplado toda la escena desde la parte trasera del autobús, se dirigió a la mujer que había ayudado a la joven mamá: «¡Gracias! ¡Ha hecho felices a todos los pasajeros del autobús!».

La autora de la carta concluía con estas palabras: «Las palabras de esa mujer me llenaron el corazón. Cuando nos hacemos mayores, cada vez nos cuesta más mantenernos activos, aunque sea para hacer algo por los demás. Sin embargo, ella me enseñó que también podemos alegrar a los demás con nuestras palabras. Soy yo quien debería sentirse agradecida».

Lo que la autora de la carta hizo fue una rigyō (buena acción), es decir, «hacer lo que podía por los demás». La mujer que observaba los hechos desde la parte trasera del autobús, que dijo «¡Gracias! ¡Ha hecho felices a todos los pasajeros del autobús!», practicó el aigo (buenas palabras), o sea, «emplear buenas palabras» que demuestren consideración por los demás. Asimismo, la mujer que observaba la escena dijo: «¡Ha hecho felices a todos los pasajeros del autobús!». Estoy seguro de que todos los pasajeros del autobús (personas de distinto sexo, de edades diferentes, con sus propios quehaceres y juntos por mera coincidencia) esbozaron una sonrisa de satisfacción, felices por la joven mamá del cochecito. A esto se le llama dōji (acción identitaria), es decir, pensar sin distinguir entre uno mismo y los demás. Además, creo que podría decirse que estos tres factores cambian la forma de fuse (generosidad). Fuse significa compartir con generosidad elementos emocionales y materiales. Dogen Zenji lo define como compartir «sin codicia».

La generosidad de palabra se llama aigo, la generosidad en las acciones se denomina rigyō y la generosidad de corazón es dōji. Ser generoso implica mostrar, a través de nuestras acciones, un corazón que se esfuerza por acercarse a Buda lo máximo posible. Despertar el corazón para acercarse a Buda se conoce como «despertar la mente de iluminación». Las acciones concretas de dicho corazón son las acciones de fuse, aigo, rigyō y dōji, pero lo que es importante es «ponerse uno mismo en un segundo plano y actuar en primer lugar en beneficio de los demás». Por supuesto, esto no implica «sacrificarse», sino simplemente otorgar prioridad al resto. Sin embargo, satisfacer a ciegas los deseos mundanos de los demás no significa actuar en su beneficio. Para que no hubiera malentendidos, Dogen Zenji decía que «satisfacer en vano el deseo de placer del mundo no resulta beneficioso para los seres sensibles». Además, las cuatro acciones de fuse, aigo, rigyō y dōji son métodos que animan a muchas personas a despertar el corazón de Buda o la mente de iluminación, y nuestro destino es guiarles por el camino de Buda e invitarles a recorrerlo con nosotros. El objetivo final de los budistas es convertirse en Buda, pero, aunque no fuéramos capaces de convertirnos en él, deseo profundamente caminar y actuar conjuntamente para acercarnos a Buda.

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Textos publicados en la página web de la Escuela del zen Soto de Japón, a quien pertenecen los derechos de autor. SotoZen .net