Carta Seikyuji Enero 2016 – número 17

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Queridos amigos,

Tras las ceremonias de este verano que consagraron nuestro templo, durante la rohatsu hemos notado que algo había cambiado, algo se había consolidado. La tierra bajo nuestros pies parecía más estable. Desde hace mucho tiempo yo soñaba con el silencio que ha reinado en el templo durante esos días de sesshin.
Ahora, otra vez, hemos dejado atrás un año y entramos en otro; es un paso simbólico durante el que todos tomamos la medida del tiempo transcurrido: nuestro tiempo íntimo, el de nuestra vida.

La parábola de los talentos dice (el talento en la Antigüedad era una moneda): Un señor parte de viaje y confía unos talentos a sus tres servidores. Los dos primeros, dándoles el mejor uso posible, hacen que fructifiquen. El tercero los entierra. Cuando el señor vuelve pregunta a cada uno: ¿Qué has hecho con tus talentos?
Felicita con entusiasmo a los dos primeros y al tercero lo deja en sus

ocupaciones carentes de altura de miras.
Cada uno de nosotros podemos preguntarnos: ¿Qué he hecho con mis talentos?
¿Qué he hecho con el tesoro que trajo aquí el maestro Deshimaru, ahora hace casi cincuenta años?
No podemos escapar de esta pregunta. Si solo queremos el tesoro para dejarlo debajo de la almohada y dormirnos sobre él, la historia no tiene importancia.
Ya se trate de un templo, de un dojo o de un grupo de zazen, si solo se trata de reunir a un grupo de amigos, está muy lejos del sueño del maestro Deshimaru. Porque se trata de un sueño; nuestras mejores acciones surgen a partir de un sueño y, como en un juego de espejos, ese sueño forma otros sueños y así hasta el infinito.
Era una de las características de Sensei: en cuanto un sueño se había hecho realidad, nos conducía a otro sueño. Nunca dejaba enterrado ni abandonado ese sueño debajo de la almohada.
Concluiré con unos versos del poeta René Char :

Poder caminar, sin engañar al pájaro,

del corazón del árbol al éxtasis del fruto.

Os deseo feliz año nuevo.
Raphaël