Carta Seikyuji Mayo 2016 – número 18

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Carta Seikyuji completa

Queridos amigos , Queridas amigas
Por fin aparece la primavera. Ayer pasé el día en la Gendronnière. El verde de la primavera, tierno, deslumbraba la mirada. Parafraseando a un famoso monje diré,
bastaba con tender la mano para que los dedos se tiñeran de verde.
Como todos sabéis, las dos primeras sesshines de este año en Seikyuji las han dirigido discípulos cercanos. Desde entonces un círculo más amplio de discípulos,
antiguos y más jóvenes trabaja por el bien de nuestra sangha, y cualquier practicante deseoso de participar será bienvenido. El maestro Deshimaru nos repetía a
menudo que lo malo puede transformarse en bueno; el bien y el mal no tienen formas fijas ni definitivas.
El hecho de que yo tenga que dedicar tiempo a cuidarme ha permitido que monjes y monjas antiguos ocupen un lugar diferente en nuestro templo.
A Shunryu Suzuki le gustaba mucho ir a trabajar al huerto, pero su mujer
siempre procuraba que no se cansara demasiado. Un día en que él estaba
quitando malas hierbas, al ver de lejos a su mujer que se acercaba, se sentó
rápidamente como si nada. Cuando ella llegó a su lado, le reprendió diciendo:
«¿Crees que no he visto tu juego?»
Él contestó:
«Si vivo hasta muy viejo, ¿cómo podrán crecer mis discípulos?»
En cualquier situación, incluso difícil, una flor está presta para abrirse.
No os equivoquéis sobre el sentido de mis palabras, cuento vivir aún muchos
años y no tengo, de ninguna manera, prisa por marcharme.
Nos damos cuenta de hasta qué punto esta práctica es valiosa e importante
para nosotros cuando algo nos la impide. Ningún dolor de piernas ni de espalda
cambiará este sentimiento.
Aprovechad la buena salud de vuestro cuerpo y utilizadla juiciosamente.

Raphaë l Triet