Carta Seikyuji Enero 2017 – número 20

 

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Carta Seikyuji completa

El año 2016 acabó con la Rohatsu, sesshin homenaje al despertar del Buda, en nuestro templo de Seikyuji. Es la primera vez que hacemos esta sesshin en su forma tradicional de una semana silenciosa. Es un retiro único pues el homenaje que se rinde al Buda Shakyamuni, refiriéndose a aquella noche lejana, solo consiste en la práctica silenciosa de Zazen: sin ceremonia, sin sutra, pocas enseñanzas. El silencio y la inmovilidad uniéndonos naturalmente a aquella noche lejana.

Si desde hace tiempo intento establecer sesshines silenciosas, por primera vez el injerto ha prendido, naturalmente y sin esfuerzos. Para mí representa un paso más en nuestra práctica. El largo camino recorrido desde la Morejona hasta Seikyuji –la inauguración de nuestro templo, la ceremonia de Shinzan, después la primera de Shusso– todo se ha construido por etapas, movimientos, lentas derivaciones; por supuesto, nunca se parte de cero sino de una forma antigua.

La nuestra es la de Shakyamuni que, con el tiempo, se ha difuminado para tomar otras formas, más cercanas en el tiempo, que a su vez se difuminarán. El sentido de esta Rohatsu es resucitar silenciosamente la forma de Shakyamuni, también todas las formas conocidas y desconocidas de nosotros, y que participan silenciosamente en este largo camino a través de los siglos.

Como un puzle cuyas piezas encajan unas con otras, numerosos pasos convergen en nuestro templo y hacen que crezca. El templo físico y el de nuestros sueños. Las ceremonias de Zuise que fuimos a hacer en Japón en el mes de noviembre pasado con Begoña e Yves, forman parte de ello. Los colores del otoño, los ginkgos dorados y los arces rojos han impregnado con fuerza este viaje.

Raphaë l Triet